Desde el Fondo

Apr

6

Desde el Fondo

En muchas ocasiones pensamos que las personas que están en las calles, son vagabundos y están así porque se lo buscaron.

Pero en realidad son personas que fueron como usted o como yo, son personas que en algún momento enfrentaron un problema y no lograron buscar una mano amiga, si no que su refugio más cercano fue la droga o el alcohol.

Y pensamos, bueno pero eso a mí no me va a pasar, es muy sencillo ver como dicen, “los toros desde la barrera”, pero que pasa cuando somos nosotros los que estamos sumergidos en el alcohol.

Hoy quiero compartir con ustedes, mi experiencia en algunos centros de rehabilitación, que me hicieron recapacitar como ser humano y pensar que lo que me pasa, no se compara a lo que estas personas han vivido a tan corta edad.

En el centro de rehabilitación de hombres del sector de Alajuelita, me encontré con varios muchachos, que me contaron sus experiencias en el alcoholismo y la drogadicción.

Pero de todas las que me contaron me llamo la atención el caso de “Juan” este muchacho con tan solo 25 años de edad compartió conmigo su experiencia:

“Tengo 10 años de estar en las calles, consumiendo, alcohol o cualquier tipo de droga, realizando cualquier maldad para conseguir comida “la droga”, he dormido en las calles, debajo de la lluvia, he pedido en las calles debajo del sol que quema los pies, durante dos años no me bañe ni me cambie nunca la ropa porque no tenía donde hacerlo, ni ropa que cambiarme, mi vida no valía nada, no me importaba dormir y nunca más despertar, eso no era importante.”

 “En dos ocasiones estuve en el psiquiátrico por sobredosis, pero mi estadía era muy corta porque buscaba las formas de fugarme, ya que mi prioridad era la calle y la droga, un día, escuche una voz interna que me decía, ya no quiero esta vida, ya no quiero seguir consumiendo drogas, ya no quiero seguir viviendo en la calle y sin pensarlo me encontré con el Centro de Rehabilitación, donde me extendieron una mano amiga, me bañaron, me dieron de comer y me ofrecieron una cama donde dormir, hoy soy un hombre nuevo, llevo a Dios en mi corazón, y cada día que me despierto tengo un motivo especial, seguir luchando por mi vida y contra esta terrible enfermedad que se llama drogadicción, hoy quiero vivir, quiero correr, quiero trabajar, quiero demostrarle al mundo que puedo ser una mejor persona.”

Otro de los casos que me llamo poderosamente la atención, fue el de “María”, una mujer de tan solo 23 años, que carga bajo sus espaldas 8 años de drogadicción, alcoholismo, violaciones, entre otras cosas, igual que “Juan”, vivió en las calles, no le importaba si sus dos hijos tenían que comer solo le importo, conseguir su droga que era su sustento diario.

Con lagrimas en los ojos “María”, nos cuenta como llego al centro, y como logro salir de este duro camino que la llevo a perder su familia, sus hijos y su vida por completo, hoy es una mujer nueva, llena de mucha esperanza, sabe que le queda mucho por enfrentar, pero está dispuesta a todo lo que se le ponga en la vida porque ya toco fondo, ahora solo le toca empezar a subir y hacer esta segunda parte de su vida mejor.

Así como estas dos personas existen miles en las calles y cientos en los centros, tratando de buscar una mejor posibilidad de vida.

Estos simples seres humanos como usted o como yo, tocaron fondo, pensaron que sus vidas no valían nada, que vivir no tenía sentido, perdieron su familia, “amigos”, todo lo que algún día tuvieron, ya no lo tenían, solo su fiel compañera, la droga.

A pesar de sufrir esto, buscaron las fuerzas en Dios y en ellos mismo y lograron salir del fondo, ahora su vida está llena de cicatrices que nunca desaparecerán, pero cada una significará una cuota de valor para saber que ya no les queda más que seguir subiendo, hasta lograr encontrar un espacio en esta sociedad tan sucia en la que vivimos todos los días.

Por eso no piense que por ser usted, no le puede pasar, porque los problemas no elijen persona, ni nivel social.

Tocar fondo en su vida, no es malo, lo malo es no querer salir de donde estas, o simplemente no querer que le ayuden.

“Cada lágrima, cada herida, cada cicatriz, nos enseña que, sin importar la situación que estés enfrentando, siempre abra una salida y una persona que te extenderá la mano.”

 

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